Diamond and Rust, de Joan Baez para Bob Dylan, Clearwater, abril 1976



En 1975 Joan Baez sacaba al mercado un nuevo elepé con el título Diamond and Rust, cuyo sencillo promocional del mismo nombre llegaría a las tiendas en el mes de julio. Lejos de su actividad reivindicativa, la cantante protesta y reina del folk en los años sesenta sorprendía a su público con una canción que desprendía cierto despecho por una antigua relación amorosa. Todo gira en torno a una llamada de teléfono de un ex novio y el recuerdo que sus palabras provoca, para que ella decida componer unos versos donde da a entender lo bueno y lo malo que trae una relación. Diamond and Rust tenía un destinatario que suscitó los rumores, hasta que quedó meridiano que se trataba de su antiguo novio Bob Dylan, el romance duró de 1963 a 1965, año este último en el que el juglar contrajo matrimonio con Sara Lowds. Dylan reclutaría a Baez en otoño de 1975 para la gira de la Rolling Thunder Revue (quizá aquella llamada de teléfono tuviese esta primera intención), que comenzó el 30 de octubre en la ciudad de Plymouth. Baez se sumaría a la segunda parte de esta gira durante 1976, del concierto en Clearwater en abril de ese año extraemos el vídeo que ilustra esta entrada al blog, donde Joan Baez despliega sus armas de guitarrista y melódica voz para dar vida a una hermosa canción que narra una historia que pudo ser y que el destino quebró.

Diamantes y herrumbre

Que me aspen,
viene tu fantasma otra vez.
Pero no es algo inusual,
es porque hay luna llena.
Y tú me llamaste.
Y aquí estoy sentada,
cogida al teléfono,
escuchando una voz caer en picado.
Una voz que conocí
hace un par de años luz.

Recuerdo que tus ojos
eran más azules que los huevos
que pone un petirrojo.
Y me dijiste que mi poesía era pésima.
¿Desde donde me estás llamando?
Una cabina telefónica, en el Medio Oeste.
Hace diez años ya,
te compré unos botones para tu camisa.
Tu me trajiste algo.
Los dos sabíamos que los recuerdos nos podrían traer
tanto diamantes como herrumbre.

Cuando irrumpiste en la escena,
ya eras una leyenda.
Un fenómeno sin limpiar,
el vagabundo original.
Te desviaste hacia mis brazos,
y allí permaneciste.
Temporalmente perdido en altamar.
La Madonna era tu libertad.
Sí, la chica de tu otra mitad.
Te mantendría a salvo.

Ahora te veo ahí,
con las hojas marchitas cayendo a tu alrededor,
y con nieve sobre tu pelo.
Estás sonriendo en la ventana,
fuera de este horrible hotel,
en Washington Square.
Nuestro aliento forma una nube blanca,
mezclándose y flotando en el aire.
Sinceramente, para mí,
los dos podríamos haber muerto hace tiempo.

Ahora me estás diciendo
que no eres un nostálgico.
Dame entonces alguna palabra para justificarlo,
tú, que tienes tanta labia para eso.
Y haciendo que todo parezca banal,
ya que necesito algo de esa banalidad ahora.
Todo esto ha regresado demasiado claramente.
Sí, te quería con todo mi corazón,
y si me estás ofreciendo diamantes y herrumbre,
ya he pagado mi parte.

Crónica del concierto de Joan Baez en Madrid, 12 de marzo de 2010., podrás escuchar la canción We shall overcome interpretada en esa actuación.

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Dirge, el poema hecho acordes, 1973


Me odio por amarte y por la debilidad que así mostraba, sólo eras un rostro pintado viajando por la senda del suicidio. Así comienza Dirge, uno de los temas más personales y desconocidos de Bob Dylan, perteneciente al álbum Planet Waves (1974) del que no tenemos registro de una versión en directo ni otra que la que grabó, en una sola toma, el 14 de noviembre de 1973 en el Village Recorder en Santa Mónica (California) para el sello Ayslum tras su ruptura con la CBS. La canción es un lamento constante a un amor que se va marchitando, quizá aluda a su relación con Sara (si bien en algunos registros documentales se habla de Dirge for Martha, sin especificar más detalles), el matrimonio se hundía irremediablemente, o quizá hable de sí mismo, de su sinceridad vulnerada, abocado al infortunio pero con el corazón aún doliente por el amor que se resiste a morir, que palpita en sus entrañas: He pagado el precio de la soledad, pero al menos no tengo deudas, donde reside su ironía dylanesca, mientras al compás del piano va narrando, versos a verso, esta elegía envuelta por los arpegios de la guitarra de Robbie Robertson en un ambiente lúgubre y misterioso. Y sin embargo, el fraseo de Dylan es insuperable, desgarrados, tiñendo de sangre cada palabra: He oído tus cantos de libertad sobre el hombre despojado, que intepreta su locura mientras le azotan la espalda, cada giro que revela un daño, quizá exagere, quizát todo sea una defensa: Me odio por amarta, pero ya lo superaré. La canción apenas ha sido versionada por otros cantantes, sólo tengo registro sonoro de Wilma Bakker, que interpretó aceptablemente ese tema en noviembre de 2007 en Amsterdam, traduciendo la letra al holandés.

Elegía

Me odio por amarte y por la debilidad que así mostraba
Sólo eras un rostro pintado viajando por la senda del suicidio
El escenario estaba puesto, las luces se apagaron en el viejo hotel
Me odio por amarte y me alegra que haya caído el telón.

Odio esa estúpida farsa y la necesidad que revelaba
Y la piedad que me mostraste, ¿Quién lo hubiera adivinado?
Anduve por el bajo Broadway y sentí dentro de mí
El hueco donde sollozan los mártires y los ángeles juegan con el pecado.

He oído tus cantos de libertad sobre el hombre despojado
Que interpreta su locura mientras le azotan la espalda
Como un esclavo en órbita, lo golpean hasta la mansedumbre
Todo por un instante de gloria, una putrefacta vergüenza.

Algunos adoran la sociedad, yo no soy uno de ellos
En este tiempo de plástico busco una piedra preciosa
La bola de cristal no muestra nada en el muro
He pagado el precio de la soledad, pero al menos no tengo deudas.

No recuerdo nada útil que hayas hecho por mí
Salvo una palmada en la espalda cuando estaba de rodillas
Nos mirábamos a los ojos hasta que un aflojaba
No hace falta disculparse, ¿de qué serviría?

Así que canta al progreso y a la máquina del apocalipsis
La verdad desnuda es aún tabú cuando está a la vista
La diosa fortuna, que brilla sobre mí, te dirá por dónde ando,
Me odio por amarte, pero ya lo superaré.




Pincha el vinilo para escuchar Dirge
 directamente del Planet Wave.

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Restless Farewell, Los Ángeles 19-11-1995, en el ochenta cumpleaños de Frank Sinatra



Restless Farewell, la inquieta despedida, treinta y un año después de aquella noche de mayo de 1964 en el londinense Royal Festival Hall, adaptada por Dylan del cancionero tradicional irlandés, donde la interpretó por última vez, y a la vuelta de la esquina, en 1995, le rinde con ella tributo a su amigo Frank Sinatra, que cumple ochenta años y ha reunido a lo más nutrido de su elenco de amistades en el Shrine Auditorium de los Ángeles. Dylan llega arropado de su banda de aquel año, con la que interrumpe, por un día, la gira que le lleva por las carreteras de Texas, Arizona y Nevada, allí están Bucky Baxter y John Jackson (guitarras); Tony Garnier (bajo), y Winston Watson, en la batería. Para esta ocasión, Dylan cuenta además con el acompañamiento de un cuarteto de cuerda. El juglar de Minesota interpreta una versión deliciosa de esta balada, un bello poema adaptado a la melodía irlandesa The Parting Glass, que podría traducirse como “la copa de despedida”, y que de las múltiples versiones que se han realizado a lo largo de los años, intuyo que Dylan la aprendió, o se sirvió principalmente, de la línea musical de The Clancy Brothers.

Restless Farewell fue el tema con el que Dylan cerró el tercer álbum de su carrera musical, The times they are a-changing (1964), y pese a la trascendencia que este trabajo alcanzó en la sociedad norteamericana por su defensa de los derechos civiles, así como por los bellos poemas hechos acordes, la canción en cuestión es una gran desconocida para el público, a lo que ha contribuido que Dylan la haya silenciado durante años sobre los escenarios. A excepción del Royal Festival Hall en 1964, ese año pudo ser escuchada también a través de una emisión de la CBC TV Studios canadiense, donde Dylan grabó además de Restless, otros cinco temas pertenecientes a este álbum, y al anterior, The Freewhelin’.

Inquieta despedida


Todo el dinero que he gastado en la vida
Me llegara limpio o sucio
Se escurrió alegremente entre las manos de mis amigos
Para amarrar el instante con más fuerza
Pero se agotaron las botellas
Cayeron una a una
Y la mesa está repleta
Y el letrero del rincón
Dice que es la hora del cierre
Así que diré adiós y seguiré mi camino

Cuando toqué a las chicas
No quise lastimarlas
Cuando sufrieron por mí
Yo no lo hice aposta
Pero para seguir siendo amigos
Y reparar mis faltas
Necesitas tiempo y quedarte atrás
Y como ahora mis pies son veloces
Y se alejan del pasado
Diré adiós y seguiré adelante

Cuando me enfrenté a mis enemigos
La causa estaba allí antes del encuentro
Cuando luché por una causa
Luché a muerte sin pesar o vergüenza
Pero la oscuridad muere
Cuando baja el telón y los ojos de alguien
Deben encarar el amanecer
Y si yo veo el día
Tendré que quedarme
Así que diré adiós por la noche y me iré.

Cuando un pensamiento se anudó en mi mente
Habría enloquecido si no lo hubiera soltado
Pero no me desnudo ante ojos ignorantes
Mis historias las canto para mí y mis amigos
Pero no hay mucho tiempo, aunque del tiempo dependes
Y no hay palabra que un amigo posea
Y aunque la cuerda se rompa
No es todavía el final
Basta decir adiós hasta encontrarse de nuevo.

Un falso reloj trata de marcarme el tiempo
Para humillarme, distraerme, enorjarme
Y la mugre chismosa escupe en mi cara
Y me cubre el polvo de sus rumores
Pero si la flecha va recta
Y la punta es afilada
Podrá atravesar el polvo más denso
Así que resistiré
Y seguiré siendo quien soy
Y diré adiós y me importará un cuerno.

Escucha aquí la versión de Restless Farewell interpretada en 1995 durante la fiesta del ochenta cumpleaños de Frank Sinatra en Los Ángeles.


Pie de foto: Bruce Springteen, Frank Sinatra y Bob Dylan en Los Ángeles, 1995.

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Muere Suze Rotolo. Nos queda su abierta sonrisa y todo cuanto inspiró artística y sensualmente a Dylan. "Amore, Bob", postal desde Roma, 1963

A la memoria de Suze Rotolo (1943-2011)


Suze Rotolo, la primera novia de Bob Dylan cuando el músico llegó a Nueva York en 1961, murió la semana pasada en su casa neoyorquina en Mahattan, aquejada de un cáncer pulmonar. Aunque su imagen siempre estuvo asociada a Dylan, inmortalizada en la fotografía de Don Hunstein en la nevada calle neoyorquina de Jones Street para la portada del álbum The Freewhelin' (1963), y a su presencia impertérrita en las sesiones de grabación de sus primeros discos, Suze Rotolo brilló en su faceta artística, lo que contribuyó a fortalecer el talento de un Dylan que la amó hasta lo indecible. Cuando Dylan viajó al Reino Unido contratado para algunas actuaciones durante diciembre 1962 y enero de 1963, data una misiva que el músico envió a Suze desde Roma, donde pasó unos días en compañía de su representante, Albert Grossman, y acompañó en algunas actuaciones a Odetta. La postal elegida con la imagen de la Piazza Navona (los sabemos por la referencia al reverso) está escrita de su puño y letra con un bolígrafo de tinta azul, describe el estado de ánimo por el que atraviesa aquellos días, los desplazamientos que tiene previsto realizar por Italia y algunas anécdotas ("aquí todo el mundo es Sofía Loren"), despidiéndoe con un "Amore, Bob". El músico envió la postal a la dirección del apartamento que ambos compartían en el 161, West 4th Street, en Nueva York.

This is also where I stay sometime - it snowed last week and my guards as you can see got all covered with snow - bolla regatza everywhere - If I don't open my mouth in this town, everyone thinks I'm Italian (unbelieveable but true I swear). Going to Toreno [sic] tomorrow bella rapatza all over - around the street, swimming in the air - unbelieveable (oh, you're so Italian). Funny, I always thought Italians were Mama Rosas and Anna Mananis [sic] - but they're all Sophia Lorens - I'm learning a song called "Se Dio Vorra". Gotta go, gotta meeting with the Pope about all the colored people coming over here, Amore, Bob.

La última referencia que me llegó de Suze Rotolo después del documental No direction Home, donde concedió una entrervista a su director, Martin Scorsesse,  fue la publicación de su libro A Freewheelin' Time: A Memoir of Greenwich Village in the 60's, que aún no ha sido traducido al español, y en donde Rotolo aseguraba no haberse quedado entonces engachada del ídolo musical, todo gracias a sus ideales progresistas: "No fui una cuerda más de su guitarra". Hija de una familia de procedencia italiana con ideales comunistas, su apoyo al movimiento de los derechos civiles y su trabajo para el Congreso por la Igualdad Racial tuvieron una gran influencia sobre las canciones de Dylan. Según publicó la semana pasada el diario The New York Times,, Suze y Bob se conocieron durante un concierto que ofrecía el cantautor en la iglesia neoyorquina de Riverside en 1961 (The Riverside Church), cuando Rotolo apenas tenía 17 años y Dylan tres más que ella. En sus memorias, Chronicles, el músico dice de ella: "Desde el primer momento en que la ví no pude quitarle los ojos de encima, ella era la cosa más erótica que jamás había visto. Era muy hermosa, con la piel y cabello dorados y de sangre italiana. Empezamos a hablar y mi cabeza comenzó a girar".

Suze, la voz del Village, por siempre joven.

Suze y  Bob: Tomorrow is a long time.

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